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Por Luis Antonio Vidal // @vidal_38
#Tabasco || Sin trago, el desfile de carros alegóricos. De un tiempo a la fecha, el desfile de carros alegóricos ha convertido a Villahermosa en epicentro de la anarquía y el desorden; y la avenida Gregorio Méndez escenario de un bacanal, pleitos callejeros, pasiones desbordadas con alcohol sin freno.
No se sabe cuándo empezó ni tampoco cuándo terminará lo que ya pinta para tradición: que el día del desfile de los carros alegóricos, ciudadanos de todas las clases sociales, güeros y morenos, altos y chaparros, gordos y flacos, mujeres, hombres y demonios salen a beber con el pretexto de disfrutar los carros decorados por artesanos.
Nadie controla. Rebasada ante el libertinaje, la autoridad se rinde ante la masa heterogénea, miedosa de salir a las calles después de las siete de la noche por la inseguridad, pero armada de valor ese día para confundirse entre miles en la gran fiesta de la preferia… y beber, beber, beber.
Valió cacahuate el primer lugar nacional de Villahermosa en percepción de inseguridad, como informó el INEGI, pues el pasado domingo en el desfile la gente tenía otros datos y salió sin miedo.
¿Quién cuida a las familias que buscan sano esparcimiento si hasta las patrullas de policías son tomadas como juguete por borrachines?
¿Quién garantiza que no se le meta el chamuco a un desenfrenado y aviente su vehículo contra el río de personas que en anarquía toman las calles?
Si el pueblo bueno y sabio que asiste a ver el desfile de carros alegóricos no sabe divertirse con moderación y orden, entonces hay que enseñarlo a respetar. No es libertad de diversión, es libertinaje. Si no lo controlan, que no lo chupen.
Que se aplique la ley seca propicia en estos casos para contener la ingesta de bebidas espirituosas, así como la bravuconada, la depravación, el pleito y la bravata cuyo arrepentimiento llega después porque del matón al cobarde sólo media la resaca.
No hay otra, so pena de lamentar desgracias. Ante el desorden y el caos, el poder del Estado. @vidal_38